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¡Despierta!

LOCURA

LOCURA

Hay muchas personas que dicen que a pesar de no sentirse feliz con su manera de actuar, no pueden cambiar su actitud, que son muchos los años que llevan practicando una conducta aprendida desde joven y que es una locura pensar que a sus años pueda modificar su actitud. A lo que les replico que en algún momento tenemos que empezar a tomar las riendas de nuestra vida, comenzar a pensar por nosotros mismos, desaprender y darnos cuenta que a pesar que nos hayan dicho que  somos malos, vagos, inútiles, tontos, que no valemos para hacer esto o lo otro, que fracasaremos, no es así, no debemos creer a las personas malintencionadas o mal informadas lo que nos dicen. Existen personas que parecen arpías (en la mitología griega, las arpías eran monstruos alados con cabeza y pecho de mujer, y cuerpo y garras de aves de presa; en la creencia popular, eran agentes de la venganza divina) que no tienen ningún escrúpulo en herir humillar y menospreciar con la palabra a los demás sin darse cuenta que no hay herida más grave que la del ego roto, y ninguna que sane más lentamente. Somos buenos, inteligentes, válidos para cualquier cosa que nos propongamos, todo es cuestión de voluntad y de fijarnos un objetivo. Y si nos dijeran que nuestro objetivo es algo inalcanzable, que es una locura, les cuentas esto:

Érase una vez un rey muy querido cuyo castillo se erguía sobre una alta colina desde donde dominaba sus tierras. Era tan popular que los habitantes del pueblo vecino le enviaban regalos a diario y se festejaba su aniversario en todo el reino. La gente le quería por su sabiduría y la rectitud de sus juicios. Un día la tragedia sacudió la ciudad. La reserva de agua se contaminó y todos los habitantes, hombres, mujeres y niños, se volvieron locos. Solamente el rey, que tenía su propia fuente se libró.

Poco después de la tragedia, el pueblo “loco” de la ciudad se puso a hablar de las actitudes “raras” del rey, de la mediocridad de sus juicios y de su falta de sabiduría. Algunos incluso llegaron a decir que el rey se había vuelto loco. No tardó en perder su popularidad. Ya nadie le llevaba regalos, ni festejaba el día de su aniversario.

El Rey, solo en su alta colina, estaba privado de toda compañía. Un día decidió abandonar la colina y hacer una visita a la ciudad. Hacía calor aquel día y bebió de la fuente. Aquella misma tarde hubo una gran fiesta. Todo el pueblo estaba dichoso puesto que su queridísimo rey se había “curado de su locura”. 

 No podemos cambiar el mundo, pero sí podemos cambiar nuestro entorno, nuestro pequeño universo, por algo hay que empezar, y ese algo somos nosotros mismos. El premio Nóbel de la Paz de 1952, Albert Schweitzer decía:

“el mayor descubrimiento de cualquier generación es que los seres humanos pueden alterar sus vidas modificando sus actitudes mentales”

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